Josep Parera

Josep Parera

 

La biografía corta de Josep Parera es rápida de contar: el amor por el cine abrió las puertas al amor por escribir. Y de ahí, el salto a Estados Unidos.
La larga… Josep Parera nació en Barcelona. Desde pequeño siempre vio en la mesita del comedor un periódico. Y libros por todas partes.
La cita con el cine no tardó en ser habitual. Aún recuerda ver “Midway” en un cine equipado con sonido Sensurround y temer el tamaño de los altavoces instalados frente a las pantallas. O decir “no quiero ir” a la propuesta de su padre para ir a ver “Jaws” en la gran pantalla, una decisión de la que aún hoy se arrepiente.
Pero pronto llegaron las películas que lo marcaron, y que sí vio en cine: “Star Wars”, “Superman”, James Bond, Disney, “Raiders of the Lost Ark”…
La pasión por el cine de Hollywood fue la excusa perfecta para adentrarse a otras cinematografías y a otros intereses, especialmente escribir: desde historias cortas hasta críticas de filmes… que hoy se niega a releer, pero que aún guarda.
Pero en los años 80 nunca pensó que, a principios de la siguiente década, las oportunidades de entrar en el mundo que combinaba cine y escribir le llegarían casi sin darse cuenta, gracias a programas de radio, como “La Claqueta” de Pepe Nieves, con la que sigue colaborando más de 23 años después, o co-escribiendo una colección de libros sobre el Séptimo Arte junto a Edmond Orts, o entrando a formar parte de la redacción de la revista cinematográfica “Imágenes de Actualidad”, bajo la batuta de Enric Aragonés.
Pero la llamada de California siempre fue tentadora.
Y fue en 1996 cuando decidió dar el salto. Cuando llegó a Los Ángeles se dio cuenta que era la ciudad perfecta para él: la energía, juventud y libertad de una metrópolis que abre las puertas a toda clase de posibilidades, a un futuro siempre sorprendente, nunca predecible.
Son ya casi diez años en “La Opinión”, escribiendo entretenimiento en la capital del entretenimiento, gracias a nombres decisivos en su carrera como Antonio Mejías-Rentas o Mónica Lozano.
¿Qué más podría desear el niño que creció entre periódicos, libros y cine?

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